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domingo, 7 de agosto de 2016

¿Por qué?


El otro día, mientras exploraba a una paciente en la camilla con la cortinita echada, alguien golpeó la puerta insistente, de forma muy maleducada. Ahí no quedó la cosa, sino que la abrió irrumpiendo en la consulta. Creyéndola vacía al no ver a nadie en la mesa del ordenador, pues como digo, estábamos paciente y médico detrás de la cortina en mitad de la exploración, la cerró dando un portazo.

Segundos después, cuando ya nos sentamos en la mesa para indicarle a mi paciente el tratamiento y expedirle las recetas, oímos al otro lado de la puerta unas voces indignadas, que para nada parecían provenir de alguien enfermo, que decían: “Hay que llamar a la puerta y meterles prisa porque se encierran en la consulta a hablar por teléfono, a hacer sus cosas y nos dejan aquí esperando a propósito”.

Sin embargo, no es un hecho aislado.

Unos días antes del episodio anterior, mientras estaba cerrando la puerta de la sala al acabar la consulta, me asaltó un chico joven que de muy malas formas me exigió que le atendiese, que había llegado tarde. Yo le respondí que conmigo no estaba citado puesto que mi consulta había acabado y de mi agenda no había faltado nadie. Le indiqué que se acercara al mostrador de las administrativas para que le confirmasen la sala en la que estaba citado. Al grito de “MecagoenDios” desapareció de allí como un energúmeno.

Y sin embargo, tampoco es un hecho aislado.


Todos los días se leen en las redes sociales, se oyen en los medios de comunicación o cuentan compañeros los desplantes, insultos y hasta amenazas que sufren los sanitarios. Y me surge una duda, 

Mono leyendo un periódico.
¿Por qué?


¿Por qué aguantamos críticas sin merecerlas? ¿por qué creen que vamos a ceder a sus amenazas? ¿Por qué tenemos que pasar miedo? ¿Por qué tendemos a normalizar situaciones que no son para nada normal? 

Si a los contratos precarios, la inseguridad laboral, la mala organización, las agendas desbordadas, los escasos 5 minutos por paciente, el déficit de personal... le añadimos también el maltrato por parte de nuestros pacientes, por quien nos entregamos a esta profesión; ¿Qué nos queda para continuar?


Si alguien encuentra respuestas… que por favor me las de.

martes, 19 de mayo de 2015

Hoy es siempre todavía.


¡¡Vaya días los de Mayo!! Y es que las emociones emanan de cada rincón del hospital. A los resis mayores que se van, por mucho que dijeran que no iban a emocionarse, se les han saltado las lagrimillas con cada abrazo, beso o palabra de despedida. Y los que nos quedamos, lo hacemos con un pedacito menos de corazón... ¡Ay, canallas, que nos los habéis robado!

Y así, embriagados por la emoción (o sólo embriagados, después de tanta cena), han puesto de moda, a lo hashtag de twitter, una frase que estos días no deja de repetirse: "mi ultimo..."algo": mi ultima "guardia", mi ultima "sesión", mi ultimo "café en la máquina"...
disfruta cada momento

Después de oírla varias veces, esa frase a mí me ha dado que pensar...

Cuando el terminar una etapa de nuestra vida es un hecho inminente, a toda costa intentamos memorizar esos últimos momentos, que días atrás fueron habituales y que ahora cargamos de un enorme valor sentimental al saber que, probablemente, será la última vez que sucedan.

Sin embargo, no ocurre lo mismo cuando se empieza una etapa nueva. Quizás sean los nervios, quizás las inseguridades... pero pasamos a ritmo vertiginoso por un montón de primeros momentos, olvidándonos de guardarlos cuidadosamente en nuestras memorias, sin saber el enorme significado que un día tendrán para nosotros.

Por eso, ahora que es tiempo de cambio, que los nuevos residentes se van a incorporar y los antiguos pasan a adjuntos, me gustaría que no se olvidaran de parar, de rato en rato, a saborear todos y cada uno de los momentos que van a comenzar a experimentar... los malos y los buenos, pues de todo se aprende y todo nos moldea; lo que un día parece que uno odia, por experiencia diré que al cabo del tiempo lo acaba añorando, lamentándose probablemente de no haberlo disfrutado.

Como dijo A. Machado, Hoy es siempre todavía.


¡Disfrutémoslo!


sábado, 27 de diciembre de 2014

Noches blancas de hospital

“Noches blancas de hospital, dejad el llanto esta noche, el niño está por llegar”; así dice una estrofa de un villancico que de niña, en Noche Buena, tocaba con la guitarra.  

Esta Noche Buena, pese a no ser blanca salvo por los hielos de la madrugada, para mí ha sido de hospital: me ha tocado hacer guardia.

Es extraño el día 24 de Diciembre en la urgencia; los adornos navideños invaden las paredes de los boxes, hay dulces repartidos por los controles de enfermería y en cada cambio de turno nos felicitamos las fiestas con los que entran y con los que se van. Los que trabajamos las 24h, aprovechamos el ratín en el que la urgencia está más calmada para reunirnos en la sala del fondo y cenar todos juntos, adjuntos y residentes, a diferencia de los días normales en los que apresuradamente bajamos por turnos a la cafetería para cenar.

Y es curioso; también los motivos de consulta durante este día son diferentes:
  • Por la mañana prevalecieron los cuadros neurológicos, sobre todo en los abuelitos. Las enfermeras con cierta experiencia nos comentaban que solía repetirse año tras año, debiéndose muchas veces a los cambios emocionales que sufren llegadas estas fechas (unos salen de sus casas para ir a casa de sus familiares, otros reciben en sus casas a mucha gente y han de hacer un sobreesfuerzo para cocinar), lo que provoca alteraciones en su tensión arterial que repercuten en la vascularización cerebral, apareciendo las lesiones. 
  • Por la tarde, los cortes con cuchillo y las caídas en la cocina mientras preparaban la cena tuvieron su momento de gloria.
  • Y una vez iniciada la madrugada, casi todas las consultas se relacionaron con las intoxicaciones etílicas, las caídas en los bares, las indigestiones tras las cenas abusivas y las reacciones alérgicas al marisco.
No obstante, aunque menos que en días corrientes, no faltaron las consulta no-urgente... quizás más de uno había encontrado en la urgencia la excusa perfecta para faltar a cenar en casa de la suegra... 

Pese a ser una No-Blanca (aunque sí larga) noche de hospital, fue toda una experiencia... una Noche Buena muy distinta a las demás. 

Y compartiéndola con todos los que de vez en cuando leéis este blog, me despido hasta el año que viene, esperando que venga cargado de nuevas ideas para convertirlas en entradas.

Os deseo felices fiestas con un buen y divertido final de año.


¡¡Nos leemos a la vuelta!!



domingo, 26 de octubre de 2014

SALIENTE DE GUARDIA

Hace poquito, mi Resi pequeña Helena me propuso ¿por qué no hablas en la próxima entrada del Saliente de Guardia? Muchos os preguntaréis qué tiene de especial ese momento para escribir unas líneas sobre ello; otros en cambio ya estaréis con una sonrisilla recordando alguna locura postguardia... pues bien, tanto para conocerlo como para recordarlo, os pongo en situación...

Es papi que vuelve de la guardia, mami ¿lo apuntalo?Tras una intensa jornada de 17 ó 24 horas de trabajar a destajo, sin parar apenas para nada... llega el momento más esperado: el Pase de Guardia.
Es justo en ese momento cuando das por finalizada la Guardia, y ya sólo piensas en desayunar. Te acomodas alrededor de la mesa de la salita del fondo; a veces sobre una silla, a veces sobre la pared... pero ¡¡ te da igual!! Porque ya sabes que en breves serás libre para desconectar de la medicina.
Durante el pase, si logras vencer a ese sueño maldito que se aferra de los párpados y los hace caer lentamente... se cuentan los pacientes que están en urgencias para que mentes más despejadas (de los que entonces entran) continúen con su atención.
Al terminar el Pase, sólo hay un último obstáculo que aún te distancia del merecido desayuno... un increíble TOC (trastorno obsesivo compulsivo) que crece a medida que vas aumentando de "R" y te hace volver a revisar las últimas peticiones o tratamientos que, aunque sabes que están pedidas y prescritos, sientes imperiosamente la necesidad de comprobar.
¡Por fin llegas a la cafetería! A veces sientes la necesidad de un buen café que te logre dar energía hasta que pilles la cama, otras intentas ser sano tomándote una deliciosa tostada con tomate y excepcionalmente (o no tan excepcional) sucumbes a las señales de tu cerebro (glucosa!glucosa!glucosa!) cayendo en la tentación de zamparte una gran palmera de chocolate. Sea como sea, ese es tu momento y lo disfrutas.
Pronto te pones en marcha; estás Saliente y sientes que... ¡hay muchas cosas por hacer! 

  • La primera... hay que evitar aquél Sd. del moco (no recuerdo dónde lo oí) que puede desarrollar el residente al terminar la guardia: se va quedando pegado allá donde le surja (hablando con un compañero que tan sólo le ha saludado por el pasillo, en los vestuarios metiendo y sacando cosas en la taquilla como si no hubiera un mañana, en la lavandería pensando la talla de su pijama (que cambia casi a diario)...). 
  • La segunda, mantenerte despierto hasta tu destino (queda fatal cabecear mientras conversas con tu compañero de vuelta en el tren, o pasarte la parada del metro por haberte quedado dormido). 
  • Y las siguientes... cualquier locura/tonteria que en esos momentos tan vulnerables, en los que a pesar de todo te crees  capaz y merecedor de todo por haber sobrevivido a la terrible guardia, se nos pase por la cabeza.



Compañeras de la urgencia, tras una dura guardia
Helena y yo, salientes de guardia


Como imagino que habrá anécdotas de todo tipo, aquellos que hayan sucumbido a los efectos del saliente de guardia ¡os invito a compartirlas!


lunes, 7 de julio de 2014

URGENCIAS en clave de Humor

serie americana de urgencias

He de reconocer que todos afrontamos nuestro primer día de guardia como si estuviésemos en Urgencias, pero las de la serie de televisión. Vamos cargados de libros y cagados de miedo. En nuestra memoria aguardan mil lecciones... pero en nuestras piernas hallamos mil temblores.
Estando allí nos damos cuenta, una vez más, que deberíamos hacer caso a nuestra madre cuando nos dice aquello de..."No te creas todo lo que sale en la televisión, que es mentira."


Para comenzar, ¿Dónde está George Clooney?

Paciente rodeado de médicos que entra por urgencias
Tras recuperarte de ese primer palo, te diriges a un Box (sonriendo para tí pues has caído en la broma fácil... ¡quizás donde estás en es la Fórmula1!) a ver a tu primer paciente. Éste muchas veces no sabe bien por qué ha ido, ni siquiera la medicación que toma... y por tanto, no te cuenta lo que le ocurre; te lo cuenta la mujer. Ella siempre lo sabe todo, lo de ahora y lo de hace 20 años, que por si fuese necesario y sin escatimar en tiempo, te lo cuenta con pelos y señales.

imagen de ritual de sanación de un indígena por un chamánProseguimos en nuestro trabajo (que a estas alturas ya no sabes si eres escritor de biografías o médico de guardia) llegando al punto en que tenemos que pedir pruebas y decidir tratamiento. Pues bien, ni las pruebas ni el tratamiento se piden de viva voz como en la serie para ahorrar tiempo... no. Te lo apuntas en un blog de notas, se lo apuntas a la enfermera en su libreta, lo apuntas en el ordenador... y mientras clickeas el "Aceptar" vas rezando cual Chamán para que no se vaya la conexión a internet del sistema informático y volvamos a empezar. Aún así, no sabemos bien cómo nos lo montamos, que siempre habrá alguna prueba y/o tratamiento que falte porque "no se ha apuntado".

Una vez llegan los resultados de tanta prueba... te tomas unos segundos para coger aire y reunir todos tus libros de urgencias por si tienes que recurrir a ellos. Esperas encontrar, como ocurre en la serie, alteraciones gravísimas y llamativas. Pero no, aquí la analítica, el ECG, la Radiografía... por lo general ¡¡¡SUELE SALIR NORMAL!!!  ¿Y cómo es posible? Se pregunta el paciente... y te lo preguntas tú como Doctor de ese paciente, que acudió hasta la urgencia del Hospital movido por el miedo a encontrarse entre la vida y la muerte.

Finalmente llega el momento de dar el alta. Es un momento que dista mucho del alta televisivo, donde aparece un paciente agradecido felicitando al doctor por su diagnóstico brillante y agradeciendo la resolución de su problema. Aquí también se nos va el paciente, pero con una mirada de desconcierto tras saber que su diagnóstico es "algo inespecífico", con analgesia para un "dolor inespecífico" y amenazando con poner una reclamación... por supuesto, "inespecífica".


lunes, 9 de junio de 2014

Los Médicos... ¡También somos personas!


Hace algún tiempo tuvimos una guardia horrible... un lunes tras un largo puente. Entre la gente que ya se espera a que sea lunes para ir a urgencias, la que espera a su médico y éste le deriva al hospital, la que enferma durante el puente pero al estar de vacaciones mejor aguanta sin ir al médico hasta llegar a su ciudad y la que enferma ese mismo día...¡¡ya podéis imaginar cómo estaba de lleno el hospital y la sala de espera!!

Sala de espera de una sala de urgencias llena de gente

Yo entiendo que la gente cuando espera, desespera. Empatizo con todos aquellos enfermos que, asustados, aguardan a que les vea un médico o a que les realicen las pruebas necesarias hasta hacer un diagnóstico; de verdad que, al igual que a todos mis compañeros (ya sea enfermero, celador o médico), no nos gusta ver a la gente sufrir por un dolor, verlos acongojados sin saber qué les ocurre ni hacerles esperar de forma innecesaria... de verdad que no. De hecho, el sistema de triage de la entrada sirve para clasificar a los pacientes en función de su gravedad, de tal forma que todo paciente muy grave será visto y atendido inmediatamente. Pero cuando los pacientes no están en riesgo vital, han de esperar su turno y son atendidos cuando les corresponde, y si el hospital está lleno de gente, la espera irremediablemente se vuelve larga. 

guantes para protegernos de los pacientes
Precisamente ese lunes post-puente, día de aglomeraciones en la sala de espera, viví un momento bastante desagradable: una señora, cansada de esperar, me gritó a mí al pasar por su lado, exigiéndome que la atendiéramos inmediatamente porque lo suyo era urgente. Os puedo asegurar que, al igual que mis compañeros, desde que entré a trabajar no había parado de ver pacientes, y aún así la lista seguía siendo larguísima pues seguían viniendo más. "Es un servicio de urgencias, aquí todo lo que llega es urgente y vamos atendiendo por orden" respondí. La señora muy enfadada siguió gritando en el pasillo bastante rato más; yo seguí trabajando. Pero la sensación de que me griten a mí, que lo único que hago es atender a la gente, es muy desagradable y puede distraerme, generar mal estar entre los demás pacientes y el equipo médico además de estresar y culpabilizarnos de algo que no nos compete. 

Nosotros estamos para ver pacientes, pensar en las enfermedades que pueden tener, aliviar y curar el dolor, tranquilizar y decidir si precisan ingreso o pueden marcharse a casa. No decidimos cuántos pacientes acudirán a la urgencia, ni hacemos distinción ante pacientes de la misma gravedad. Tampoco podemos ir más rápido o más despacio; vamos a la velocidad que cada paciente requiere, porque no todo el mundo tiene los mismos antecedentes, no todos entienden igual lo que les ocurre ni todos presentan los mismos síntomas... Además requerimos un tiempo para PENSAR, porque no es un trabajo mecánico y automático, sino es un trabajo que requiere pensar en cuál de entre todos los diagnósticos se ajusta más a cada paciente entre los síntomas y signos que presenta, pensar si necesita o no pruebas complementarias y pensar cuál será el manejo más adecuado; individualizando en cada caso según sus peculiaridades.

mujer insomne que consulta a médico somnoliento
Quizás sea difícil entender todo esto para el paciente que dolorido o asustado está esperando a que le llegue su turno... pero tienen que hacer el esfuerzo de comprender que no nos pueden gritar porque nosotros estamos realizando lo mejor que podemos nuestro trabajo, que además es vocacional, en el que nos metimos por ayudar a la gente, no para fastidiarla, y en el que día a día intentamos ser mejores. Y por supuesto han de entender que no somos robots multifunción, que además de médicos también somos personas y en un turno de 24 horas tenemos necesidades (hambre, cansancio, sed) e incluso ¡¡podemos enfermar!!, y aunque lo intentamos, no siempre podemos mantener el ritmo acelerado que se nos exige.


lunes, 24 de marzo de 2014

¿(H)urgencias?

Casi todos hemos estado alguna vez en un servicio de urgencias ya sea en calidad de paciente o de acompañante. Estando en la sala de espera, pocas son las veces que hemos visto el típico tránsito de pacientes que se debaten entre la vida y la muerte, protagonistas de toda película o serie americana de urgencias. Lo habitual (¡por suerte!) es que predomine la estampa de múltiples personas con males menores que, desesperándose por la saturación del servicio, descompensan sus patologías de base.

Para haceros una idea, el prototipo sería un abuelito con su dolor de rodilla desde hace un año, que ha ido a visitar al hijo el fin de semana y al verlo dolorido, le acercan a urgencias. Tras las 4 iniciales horas de espera el abuelito lógicamente, empieza a desesperarse. Irremediablemente le va subiendo la tensión y a la vez, comienza a tener hambre. El hijo le trae algo de la máquina(sano seguro que no es) y la glucemia pega un subidón inesperado al tiempo que por fin es llamado para atenderle. Evidentemente con la tensión por las nubes y el azúcar más allá, el dolor de rodilla pasa a un segundo plano y el abuelito pasa la noche en una dura camilla de la urgencia para vigilar tensión y glucemia.  Finalmente el abuelito se va de alta al día siguiente con su mismo dolor de rodilla, sin fin de semana para aprovechar con su hijo y además inmóvil por un dolor de espalda culpa de la camilla. Eso sí, la tensión y la glucemia, excelentes.


Esto es tan sólo un ejemplo de cómo acudir a urgencias de un hospital por un motivo no urgente puede resultar incluso perjudicial para uno mismo. Los inevitables largos tiempos de espera causados por la saturación del sistema, la iatrogenia derivada de cada consulta innecesaria, el agotamiento de los trabajadores... se podría reducir si se utilizasen los dispositivos sanitarios de forma correcta.

Hay 3 tipos de dispositivos de urgencias públicos: centro de salud, el 112 y hospitalaria.

1. El centro de salud tiene servicio de urgencias de mañana y de tarde para los usuarios incluidos en su ratio de atención(atiende el médico que ese día vea las urgencias, incluyendo las domiciliarias). Hay centros (como SUAP y SAR) abiertos 24 horas para atender todo tipo de urgencias, con valoración y derivación hospitalaria en los casos que lo requieran.

Panfleto informativo sobre el buen uso de urgenciasPara saber, en Madrid, qué tipo de centro de salud de urgencias le corresponde, pinche aquí.

2. El 112-sanitario trata de ser la asistencia más inmediata posible a las demandas telefónicas de los ciudadanos de todo el país que se encuentren en una situación de riesgo sanitario personal o colectivo.

3. El servicio de urgencias hospitalarias es un centro especializado, dotado de la más alta tecnología y se encarga de la asistencia a los pacientes urgentes y críticos que la demanden. 
No obstante, muchas veces el hospitalario no se emplea correctamente, consumiendo sus recursos en asistencia no urgente o propia de atención primaria, y actúa por tanto en detrimento de asistencias más urgentes o que requieren mayor especialización, además de sufrir por todo ello más tiempo de demora en atención.

Quizás su uso inadecuado pueda deberse al desconocimiento de la población sobre el manejo de problemas banales. A continuación reflejo unas cuantas medidas para mejorar el uso de este dispositivo tan necesario:

1. La urgencia atiende en el momento crítico de la afección. Sepa entender que hay enfermedades graves no urgentes, enfermedades no graves urgentes y enfermedades graves muy urgentes. En Las urgencias hospitalarias se atiende lo grave urgente, por tanto habrá muchas enfermedades graves que, no siendo urgentes, necesiten de otros dispositivos (consultas especializadas) para su estudio y tratamiento, así como enfermedades banales que siendo urgentes requieran el servicio de los otros dispositivos(SUAP y SAR).
Además, recuerde que sólo se realizan pruebas de urgencia, por lo que las analíticas y pruebas de imagen nos dan la información básica necesaria para descartar o sospechar sólo las enfermedades urgentes.
2. Ante un dolor, intente tomar analgésicos habituales antes de acudir al servicio de urgencias, puede que desaparezca el dolor y no precise más atención. No es una urgencia un dolor estable de más de 3 semanas de evolución; puede comentárselo a su médico de primaria que irá buscando la causa y la mejor solución
3. Recuerde que fiebre es la temperatura mayor a 38ºC(inluso siendo paciente de temperatura baja). No es preciso acudir a urgencia si eres una persona sana que ha comenzado con fiebre hace menos de 24 horas y no sabe cuál es la causa. Haga uso de los antitérmicos y tenga paciencia, la mayoría de las ocasiones son procesos víricos que curan solos en 3-4 días. Otras veces es preciso esperar esos 3-4 días para que dé la cara la afección y entonces actuar en consecuencia. Acudir antes de tiempo dará lugar a pruebas innecesarias y tratamientos contraproducentes.
4. Repetidas consultas en urgencias por un mismo motivo no suele ayudar en el diagnóstico. Es mejor que consulte con su médico de atención primaria que le conoce y puede evaluar la historia de su dolencia, derivando al hospital en caso que lo considere necesario. En urgencias su enfermedad no seguirá un orden cronológico, sino serán episodios aislados atendidos cada día por un facultativo diferente.
5. Evite las consultas a altas horas de la noche a no ser que sea imprescindible. Recuerde que el médico lleva trabajando 24 horas y la capacidad de dilucidar no es la misma que al principio de la jornada.

Sala de espera vacía

BIBLIOGRAFÍA: http://www.centrossanitarios.sanidadmadrid.org/






lunes, 10 de marzo de 2014

Motivo de Consulta: Familia...¿Hospital GRANDE ó PEQUEÑO?

Se va acercando el momento de escoger plaza para los nuevos MIR y como todos los años, las dudas inundan sus cabezas sobre la especialidad, el hospital, el destino o si le dará el número. De hecho, habrá gente que el día de la elección, allí sentado en las butacas del ministerio, a 10 personas de elegir y con el corazón en un puño, todavía sigan debatiéndose sobre hacer una médica o una quirúrgica.
He de confesaros que yo sobre aquella butaca, y con la decisión ya meditada desde la universidad, aún tuve unos últimos segundos de duda...¿Y si cojo Psiquiatría? Pero en cuanto dicen tu nombre, subes a la tarima y te sitúas frente al ordenador, no te tiembla el pulso. Y así fue como escogí la especialidad de Medicina de Familia y Comunitaria.
Estos días andan por el hospital futuros residentes preguntando por Familia, como ya anduve yo en su día.

A todos los que por alguna razón barajan esta especialidad entre sus opciones...
Médico con la familia a la que atiende
Estamos cansados de escuchar que la Medicina de Familia es pura burocracia, que falta tiempo para hacer las cosas bien, que sólo sirve para derivar al especialista porque es el que sabe... Cuando lo que realmente vemos es que, ya bien sea desde el domicilio, la ambulancia, un centro de salud o el servicio de urgencias de un hospital, es la medicina del día a día a la cabecera del paciente, resolviendo hasta el 90% de los problemas de salud y derivando a otros niveles, una vez encauzados y organizados, los que por su especificidad o requerimiento tecnológicos necesiten otros recursos.
Esta especialidad te permite ver el sistema de salud desde todos sus ángulos (rotaciones por diversas especialidades durante la residencia, guardias de 24 horas en la urgencia general de adultos, la pediátrica, la ginecológica, la psiquiátrica, la rural y en el 112), así como ofrece un amplio campo de trabajo al finalizar la misma. Además, no olvidemos que también se trata de Medicina Comunitaria, incluyéndose así en nuestro trabajo el análisis de la comunidad donde viven nuestros pacientes, desde donde podremos actuar con medidas preventivas, de educación y de promoción de la salud (campañas, charlas, grupos...).
Yo todavía soy residente y apenas he vivido el día a día en una consulta de primaria. A veces caigo en el error y pienso que es un trabajo bastante estresante dada la sobrecarga de pacientes que llenan todos los días las salas de espera de los centros de salud, con sus quejas por la espera y sus familiares descontentos. Pero veo a mi tutora y la veo feliz; entonces entiendo lo gratificante que resulta el seguir a lo largo de los años a familias enteras, el sentir que confían en ti y agradecen tus esfuerzos, que acudan a tí para compartir sus alegrías o simplemente ver que tu humilde escucha les sirve de consuelo.

Hospital grande o mejor hospital pequeño
A todos los que lo tienen decidido, pero no saben si decantarse por un hospital GRANDE o uno PEQUEÑO...


Un hospital grande te ofrece gran variedad de especialidades por dónde rotar, profesionales muy especializados a quienes preguntar dudas muy concretas y la posibilidad de conocer infinidad de enfermedades raras o no muy comunes. Además, los hospitales grandes alojan a muchísimos trabajadores, por lo que el número de residentes es elevado, ofreciéndote la oportunidad de hacer muchísimos amigos y crear un ambiente distendido tanto dentro como fuera de sus edificios. Lo malo de este tipo de hospitales es que las rotaciones las compartes con residentes de la propia especialidad, el rotante de turno de otro servicio, el rotante de otro hospital, quedando así el residente de familia relegado a un cuarto plano.
Un hospital pequeño no suele haber servicios tan especializados y las enfermedades raras o que requieran técnicas específicas suelen derivarse a otros hospitales y cuando regresan ya suelen estar diagnosticadas. El número de trabajadores, y por consiguiente de residentes, también es más reducido. Sin embargo, el aprendizaje de un residente de familia debe basarse en lo común y en lo tratable con pocos medios, por lo que un hospital pequeño está capacitado para formar buenos residentes. Además, el número menor de residentes de otras especialidades dan protagonismo al de familia, que en muchas ocasiones se encuentra como único rotante, con el adjunto a su entera disposición. Y el ser pocos residentes, donde todos se conocen, acaba creando un ambiente familiar y de compañerismo.

En cuanto al número de guardias, los itinerarios, si se libran los salientes o no...deberéis preguntarlo en los hospitales en concreto, puesto que va en función de cada uno de ellos.

Después de recorrerme casi todos los hospitales(grandes y pequeños) de Madrid, yo acabé escogiendo un hospital PEQUEÑO del sur, dada la heterogeneidad de los habitantes de la zona y la gran carga social que conllevan, estando, en general bastante contenta con el aprendizaje y con los compañeros que me he encontrado.
Pero, a fin de cuentas, elijáis donde elijáis, estaréis a gusto, porque en todas partes se hacen amigos y como en todo, el que tiene interés, aprende.

jueves, 6 de marzo de 2014

COMPAÑEROS y AMIGOS

Mucha gente me decía que esta corta etapa de la vida, como es la Residencia, nos dejaba marcados de por vida por muchos motivos, entre ellos (de destacada importancia)por  las amistades que se crean.

Torre de niños disfrazados de médicos
Recuerdo cuando por primer vez nos encontramos los nueve, mis ocho queridos compañeros y yo, cargados de ilusión y nervios. Era 11 de Mayo y allí, en un viejo centro de salud, sede de  nuestra unidad docente,  dábamos comienzo a esta nueva etapa.
Formábamos un grupo muy heterogéneo; cada uno teníamos una edad, un lugar de nacimiento, incluso un motivo diferente por el cual estar allí...No obstante, algo había en común en todos nosotros: nuestro especial vocación por esta especialidad.
Tras varias semanas de cursos, de charlas, de recogida de pijamas, calzas y batas...empezábamos a conocernos. El buen humor y las terribles ganas por comenzar esta experiencia nos lo pusieron muy fácil. A su vez, fuimos conociendo al resto de nuestros residentes mayores (las sesiones de Familia los lunes en el hospital contribuyeron mucho a ello) así como al resto de compañeros de otras especialidades (aunque... quizás en este caso hayan contribuído más los divertidos encuentros en nuestro querido Tayo tras las jornadas de trabajo).


En general, las rotaciones, los diversos cursos, los encarecidos congresos, los cánticos de protesta en manifestaciones...han conseguido  reunirnos a todos(residentess pequeños y mayores, a los que fuimos despidiendo y a los que irán viniendo), brindándonos la posibilidad de conocernos más.  Pero sin duda, las guardias han sido el plato fuerte para esta conexión(al fin y al cabo, algo bueno tenían que tener!). Imaginaos,  24 horas intensas de trabajo,  con un pequeño descanso para comer, una escueta cena para no desfallecer y una mínima siesta nocturna sobre una litera tambaleante... pues es instinto de supervivencia el que surja la confraternidad, el que aprendamos de todos nosotros, nos ayudemos y nos protejamos frente a las adversidades de la guardia... y en eso, al fin y al cabo, consiste la amistad.





martes, 4 de marzo de 2014

Nunca llueve a gusto de todos...

Hace poco me contaron un chiste...>>El día en que Dios se hizo Médico y abrió una consulta, gente de todo el mundo acudió a hacer cola para ser atendido. Y pasó el primero, un señor paralítico en su silla de ruedas. Dios le dijo, levántate y anda, y aquél señor salió caminando, empujando su propia silla de ruedas. Cuando la gente de la cola, expectante, le preguntó "¿Y qué tal es como Médico?", él con desdén afirmó "bah, como todos, ni te mira".<<

El médico de Familia sostiene un paraguas bajo la lluvia
Y así es, ¡¡nunca llueve a gusto de todos!! Llegas por la mañana a la consulta de la urgencia y te sientas con ilusión y con tu mejor cara puesto que quedan 24 largas horas por delante. Se van sentando frente a tí uno a uno los pacientes, cada cual con mil datos que aportar e innumerables detalles que puntualizar, intentando tomarse todo el tiempo del mundo para contarte lo que les pasa. Intentas abreviar, pero ves que no dan su brazo a torcer, han llegado donde están para explayarse. Te sientes bien por ayudarles, les estás escuchando, pero sabes que hay muchas personas fuera esperando, es un servicio de urgencias y con los datos facilitados ya barajas un diagnóstico: tienes que invitarles a salir de la consulta...
Por fin la desalojan. Te asomas para llamar al siguiente y te encuentras a cientos de personas esperando, quejándose de todo el tiempo que ha estado el anterior paciente dentro  y de lo larga que se les está haciendo la espera. Un halo de alegría y asombro te invade por momentos...¿se han dado cuenta que no podemos alargar innecesariamente el tiempo de consulta? Pero tu gozo en un pozo, el siguiente paciente cruza el umbral de la puerta y si le dejas, su motivo de consulta se remonta 80 años atrás, cuando iba camino del altar en su Primera Comunión.
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