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domingo, 7 de agosto de 2016

¿Por qué?


El otro día, mientras exploraba a una paciente en la camilla con la cortinita echada, alguien golpeó la puerta insistente, de forma muy maleducada. Ahí no quedó la cosa, sino que la abrió irrumpiendo en la consulta. Creyéndola vacía al no ver a nadie en la mesa del ordenador, pues como digo, estábamos paciente y médico detrás de la cortina en mitad de la exploración, la cerró dando un portazo.

Segundos después, cuando ya nos sentamos en la mesa para indicarle a mi paciente el tratamiento y expedirle las recetas, oímos al otro lado de la puerta unas voces indignadas, que para nada parecían provenir de alguien enfermo, que decían: “Hay que llamar a la puerta y meterles prisa porque se encierran en la consulta a hablar por teléfono, a hacer sus cosas y nos dejan aquí esperando a propósito”.

Sin embargo, no es un hecho aislado.

Unos días antes del episodio anterior, mientras estaba cerrando la puerta de la sala al acabar la consulta, me asaltó un chico joven que de muy malas formas me exigió que le atendiese, que había llegado tarde. Yo le respondí que conmigo no estaba citado puesto que mi consulta había acabado y de mi agenda no había faltado nadie. Le indiqué que se acercara al mostrador de las administrativas para que le confirmasen la sala en la que estaba citado. Al grito de “MecagoenDios” desapareció de allí como un energúmeno.

Y sin embargo, tampoco es un hecho aislado.


Todos los días se leen en las redes sociales, se oyen en los medios de comunicación o cuentan compañeros los desplantes, insultos y hasta amenazas que sufren los sanitarios. Y me surge una duda, 

Mono leyendo un periódico.
¿Por qué?


¿Por qué aguantamos críticas sin merecerlas? ¿por qué creen que vamos a ceder a sus amenazas? ¿Por qué tenemos que pasar miedo? ¿Por qué tendemos a normalizar situaciones que no son para nada normal? 

Si a los contratos precarios, la inseguridad laboral, la mala organización, las agendas desbordadas, los escasos 5 minutos por paciente, el déficit de personal... le añadimos también el maltrato por parte de nuestros pacientes, por quien nos entregamos a esta profesión; ¿Qué nos queda para continuar?


Si alguien encuentra respuestas… que por favor me las de.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Eres...


Eres oído si alguien habla y sonrisa si le cuesta callar.
Eres voz cuando enmudecen y silencio cuando ensordecen.
Eres ojos para ver aspecto y mirada para desnudar almas.
Eres bastón para los mayores y  peldaño en la camilla para los pequeños.
Eres estudio y trabajo en forma de turno o guardia; empatía y respeto en cada caricia o mirada.
Eres rayo de sol en las tinieblas, nunca secuaz del de la guadaña.
Eres medicamento prescrito sobre una receta con forma de consulta.
Y... eres personaje de un libro sin autor llamado Sanidad, que a pesar de sus editores y sus críticos lectores, persiste en su papel de forma heroica y singular.




GRACIAS
Dedicado a todos los profesionales sanitarios que día a día sacan lo mejor de sí mismos
p
ara cuidar a sus pacientes, y lamentablemente,
no siempre 
se les agradece como merecen. 

















viernes, 6 de febrero de 2015

Podríamos respirar tranquilos.

Imaginémonos un psicópata. Ahora un psicópata en urgencias. Imaginemos que además no es paciente, sino médico. Y que, por si fuera poco, está en pleno brote de su delirio. Aún así, podríamos respirar tranquilos. ¿Por qué?.

Los médicos, ante tanta carga asistencial, solemos ir con prisas. Pensamos con rapidez las causas y los tratamientos de las enfermedades mientras atendemos  el disconfort personal y la enfermedad física de nuestros pacientes, recordando diagnósticos diferenciales y explicando a diestro y siniestro que un antibiótico no cura una gripe(¡¡es alucinante el hambre de antibiótico de alguno!!). Y no siempre es fácil (no os quiero contar si además eres residente y aún no te desenvuelves con completa seguridad).  Sin embargo, la mayoría de las veces, discurre el trabajo sin incidencias. Esto se debe fundamentalmente a esos Ángeles de la Guarda llamados Enfemer@s y Auxiliares.

Enfermería velando por la seguridad de todos.
Cada vez que se pauta una medicación, ellos la revisan para evitar errores. Si un paciente se angustia, ellos son los primeros en acercarse para interesarse por su estado. Siempre tienen ojos para todos los pacientes y se encargan de avisar al médico cuando algo les parece que no marcha bien. 
Cuando eres R1 y decides poner medicación, les miras a ellos sabiendo que te van a explicar cuánta medicación se suele poner y de qué forma. Cuando eres R mayor, te apoyas en ellos por su gran experiencia para decantarte por un tratamiento u otro. Y he visto que para los adjuntos son imprescindibles en el manejo y cuidado del paciente crónico (entre otras muchas cosas).



Orgullosa estoy de estar rodeada de tan buenos profesionales. Y por eso digo que... aún atendiéndonos un médico psicópata, podríamos respirar tranquilos.







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