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domingo, 2 de julio de 2017

Desafortunado comentario sobre las Urgencias

Hace una semana apareció en uno de mis grupos de Facebook un comentario sobre un servicio de urgencias y sus trabajadores que rezaba así:


Comentario Facebook


Me quedé descompuesta. Una vez más lluvia de quejas y falta de respeto hacia un colectivo  (en este caso se trataba del Hospital de Guadalajara, pero podía haber sido sobre cualquier otro hospital o centro sanitario) que a pesar del estrés y el cansancio, trabaja a destajo durante jornadas maratonianas.

Sin embargo, bajo ese desafortunado comentario, un aluvión de respuestas en defensa de los trabajadores de la urgencia no se hizo esperar, coincidiendo la mayoría en 4 ideas que aquí resumo:

  • "El servicio de urgencias atiende por gravedad, no por orden de llegada"

  • "Las largas horas de espera se podrían reducir si sólo se atendieran verdaderas urgencias y no cualquier disconfort leve que por comodidad e impaciencia queramos que se resuelva inmediatamente y no tener que esperar a pedir cita para el médico de cabecera ".

  • "Los profesionales deben dedicarle a cada paciente el tiempo que precisa, por lo que no siempre pueden trabajar a un ritmo continuo de atención. Además, también son personas y durante esas 24 horas de trabajo, tienen derecho a cubrir sus necesidades básicas (comer, cenar, ir al baño...)"

  • "Las quejas han de hacerse en los lugares indicados para ello (hoja de reclamación, atención al paciente...) y nunca faltando al respeto".



Me enorgullece saber que aunque este tipo de comentarios hacen ruido y nos hacen creer que ese malestar es la sintonía habitual entre la gente, son más numerosos los comentarios que defienden a los servicios sanitarios, conocen sus limitaciones y están agradecidos a los que intentan hacer bien su trabajo con los medios y recursos de los que actualmente disponen. 

O al menos así lo han demostrado los vecinos de Guadalajara. A todos ellos, GRACIAS.


domingo, 19 de abril de 2015

A las 6:00 de la mañana

Mafalda despeinada de madrugada

Residente a las 6:00 am

Muchos se echarán las manos a la cabeza; otros, en cambio, empatizarán asintiendo con tristeza... pero he de decir que a las 6:00 am después de 24 horas de guardia en urgencias del hospital... ¡¡¡ no doy más de mí!!! Aún así, sigo viendo pacientes hasta las 8:00 que acaba mi turno.

Cuadro de E.Munch
El grito
Recuerdo al último paciente que atendí sobre esa hora en mi última guardia. Mientras le explicaba a qué se debía su dolor de tripa (nada grave), su rostro iba cambiando de expresión. Tras acabar de informarle, no quedaba ni rastro de aquella sonrisa nerviosa con la que había entrado a la consulta. El gesto de su cara entonces parecía El grito de Edvard Munch.

Yo, como comprenderéis, a esas horas, no entendía qué podía estar pasando. Quizás el paciente no estuviera entendiendo bien el mensaje, quizás yo no estuviera tranquilizándole como necesitaba, quizás mi cerebro y mis palabras estaban disociados y no era capaz de transmitir mis ideas adecuadamente... pero aunque lo intenté por dos veces más, incluso lo intenté informando también a su pareja... aquel paciente se fue y yo no sabría deciros si se llevó la idea adecuada o no.

Sin embargo, el problema de la comunicación entre médico y paciente no es sólo puntual a las 6:00 de la mañana después de 24 horas de trabajo intenso. A veces aparece en pleno rendimiento cerebral y es que entre la jerga médica, los nombres tan difíciles de los medicamentos(que por si fuera poco, tienen genérico y marca comercial, usándose además indistintamente), los nervios que supone la consulta y las peculiaridades de cada  médico y paciente, ¡¡no hay quien se aclare!!. Y si no, que se lo pregunten al protagonista de la siguiente historia...


El médico le había diagnosticado el Mal del Destino. Hace días que se descomponía, mas nunca pensó en la muerte como opción. Y beba agua, también le dijo.
Morir. ¿Sería ese su destino, por ladrón?.
Sucesivas horas pasó entre cama y baño. Fiebre y delirio fueron invitados, incitándole a disculpar sus delitos por escrito.
Despertó esposado.
Se deshidrató, dijo su médico. ¿Qué más da, si voy a morir?. No va a morir, sólo está detenido. Pero ¡tengo el Mal del Destino!. ¿Eso entendió?, el médico rió; dije el Mal del Intestino.


El Mal del Destino. 

(Microcuento, Calinela).




domingo, 26 de octubre de 2014

SALIENTE DE GUARDIA

Hace poquito, mi Resi pequeña Helena me propuso ¿por qué no hablas en la próxima entrada del Saliente de Guardia? Muchos os preguntaréis qué tiene de especial ese momento para escribir unas líneas sobre ello; otros en cambio ya estaréis con una sonrisilla recordando alguna locura postguardia... pues bien, tanto para conocerlo como para recordarlo, os pongo en situación...

Es papi que vuelve de la guardia, mami ¿lo apuntalo?Tras una intensa jornada de 17 ó 24 horas de trabajar a destajo, sin parar apenas para nada... llega el momento más esperado: el Pase de Guardia.
Es justo en ese momento cuando das por finalizada la Guardia, y ya sólo piensas en desayunar. Te acomodas alrededor de la mesa de la salita del fondo; a veces sobre una silla, a veces sobre la pared... pero ¡¡ te da igual!! Porque ya sabes que en breves serás libre para desconectar de la medicina.
Durante el pase, si logras vencer a ese sueño maldito que se aferra de los párpados y los hace caer lentamente... se cuentan los pacientes que están en urgencias para que mentes más despejadas (de los que entonces entran) continúen con su atención.
Al terminar el Pase, sólo hay un último obstáculo que aún te distancia del merecido desayuno... un increíble TOC (trastorno obsesivo compulsivo) que crece a medida que vas aumentando de "R" y te hace volver a revisar las últimas peticiones o tratamientos que, aunque sabes que están pedidas y prescritos, sientes imperiosamente la necesidad de comprobar.
¡Por fin llegas a la cafetería! A veces sientes la necesidad de un buen café que te logre dar energía hasta que pilles la cama, otras intentas ser sano tomándote una deliciosa tostada con tomate y excepcionalmente (o no tan excepcional) sucumbes a las señales de tu cerebro (glucosa!glucosa!glucosa!) cayendo en la tentación de zamparte una gran palmera de chocolate. Sea como sea, ese es tu momento y lo disfrutas.
Pronto te pones en marcha; estás Saliente y sientes que... ¡hay muchas cosas por hacer! 

  • La primera... hay que evitar aquél Sd. del moco (no recuerdo dónde lo oí) que puede desarrollar el residente al terminar la guardia: se va quedando pegado allá donde le surja (hablando con un compañero que tan sólo le ha saludado por el pasillo, en los vestuarios metiendo y sacando cosas en la taquilla como si no hubiera un mañana, en la lavandería pensando la talla de su pijama (que cambia casi a diario)...). 
  • La segunda, mantenerte despierto hasta tu destino (queda fatal cabecear mientras conversas con tu compañero de vuelta en el tren, o pasarte la parada del metro por haberte quedado dormido). 
  • Y las siguientes... cualquier locura/tonteria que en esos momentos tan vulnerables, en los que a pesar de todo te crees  capaz y merecedor de todo por haber sobrevivido a la terrible guardia, se nos pase por la cabeza.



Compañeras de la urgencia, tras una dura guardia
Helena y yo, salientes de guardia


Como imagino que habrá anécdotas de todo tipo, aquellos que hayan sucumbido a los efectos del saliente de guardia ¡os invito a compartirlas!


lunes, 10 de marzo de 2014

Motivo de Consulta: Familia...¿Hospital GRANDE ó PEQUEÑO?

Se va acercando el momento de escoger plaza para los nuevos MIR y como todos los años, las dudas inundan sus cabezas sobre la especialidad, el hospital, el destino o si le dará el número. De hecho, habrá gente que el día de la elección, allí sentado en las butacas del ministerio, a 10 personas de elegir y con el corazón en un puño, todavía sigan debatiéndose sobre hacer una médica o una quirúrgica.
He de confesaros que yo sobre aquella butaca, y con la decisión ya meditada desde la universidad, aún tuve unos últimos segundos de duda...¿Y si cojo Psiquiatría? Pero en cuanto dicen tu nombre, subes a la tarima y te sitúas frente al ordenador, no te tiembla el pulso. Y así fue como escogí la especialidad de Medicina de Familia y Comunitaria.
Estos días andan por el hospital futuros residentes preguntando por Familia, como ya anduve yo en su día.

A todos los que por alguna razón barajan esta especialidad entre sus opciones...
Médico con la familia a la que atiende
Estamos cansados de escuchar que la Medicina de Familia es pura burocracia, que falta tiempo para hacer las cosas bien, que sólo sirve para derivar al especialista porque es el que sabe... Cuando lo que realmente vemos es que, ya bien sea desde el domicilio, la ambulancia, un centro de salud o el servicio de urgencias de un hospital, es la medicina del día a día a la cabecera del paciente, resolviendo hasta el 90% de los problemas de salud y derivando a otros niveles, una vez encauzados y organizados, los que por su especificidad o requerimiento tecnológicos necesiten otros recursos.
Esta especialidad te permite ver el sistema de salud desde todos sus ángulos (rotaciones por diversas especialidades durante la residencia, guardias de 24 horas en la urgencia general de adultos, la pediátrica, la ginecológica, la psiquiátrica, la rural y en el 112), así como ofrece un amplio campo de trabajo al finalizar la misma. Además, no olvidemos que también se trata de Medicina Comunitaria, incluyéndose así en nuestro trabajo el análisis de la comunidad donde viven nuestros pacientes, desde donde podremos actuar con medidas preventivas, de educación y de promoción de la salud (campañas, charlas, grupos...).
Yo todavía soy residente y apenas he vivido el día a día en una consulta de primaria. A veces caigo en el error y pienso que es un trabajo bastante estresante dada la sobrecarga de pacientes que llenan todos los días las salas de espera de los centros de salud, con sus quejas por la espera y sus familiares descontentos. Pero veo a mi tutora y la veo feliz; entonces entiendo lo gratificante que resulta el seguir a lo largo de los años a familias enteras, el sentir que confían en ti y agradecen tus esfuerzos, que acudan a tí para compartir sus alegrías o simplemente ver que tu humilde escucha les sirve de consuelo.

Hospital grande o mejor hospital pequeño
A todos los que lo tienen decidido, pero no saben si decantarse por un hospital GRANDE o uno PEQUEÑO...


Un hospital grande te ofrece gran variedad de especialidades por dónde rotar, profesionales muy especializados a quienes preguntar dudas muy concretas y la posibilidad de conocer infinidad de enfermedades raras o no muy comunes. Además, los hospitales grandes alojan a muchísimos trabajadores, por lo que el número de residentes es elevado, ofreciéndote la oportunidad de hacer muchísimos amigos y crear un ambiente distendido tanto dentro como fuera de sus edificios. Lo malo de este tipo de hospitales es que las rotaciones las compartes con residentes de la propia especialidad, el rotante de turno de otro servicio, el rotante de otro hospital, quedando así el residente de familia relegado a un cuarto plano.
Un hospital pequeño no suele haber servicios tan especializados y las enfermedades raras o que requieran técnicas específicas suelen derivarse a otros hospitales y cuando regresan ya suelen estar diagnosticadas. El número de trabajadores, y por consiguiente de residentes, también es más reducido. Sin embargo, el aprendizaje de un residente de familia debe basarse en lo común y en lo tratable con pocos medios, por lo que un hospital pequeño está capacitado para formar buenos residentes. Además, el número menor de residentes de otras especialidades dan protagonismo al de familia, que en muchas ocasiones se encuentra como único rotante, con el adjunto a su entera disposición. Y el ser pocos residentes, donde todos se conocen, acaba creando un ambiente familiar y de compañerismo.

En cuanto al número de guardias, los itinerarios, si se libran los salientes o no...deberéis preguntarlo en los hospitales en concreto, puesto que va en función de cada uno de ellos.

Después de recorrerme casi todos los hospitales(grandes y pequeños) de Madrid, yo acabé escogiendo un hospital PEQUEÑO del sur, dada la heterogeneidad de los habitantes de la zona y la gran carga social que conllevan, estando, en general bastante contenta con el aprendizaje y con los compañeros que me he encontrado.
Pero, a fin de cuentas, elijáis donde elijáis, estaréis a gusto, porque en todas partes se hacen amigos y como en todo, el que tiene interés, aprende.

martes, 4 de marzo de 2014

Nunca llueve a gusto de todos...

Hace poco me contaron un chiste...>>El día en que Dios se hizo Médico y abrió una consulta, gente de todo el mundo acudió a hacer cola para ser atendido. Y pasó el primero, un señor paralítico en su silla de ruedas. Dios le dijo, levántate y anda, y aquél señor salió caminando, empujando su propia silla de ruedas. Cuando la gente de la cola, expectante, le preguntó "¿Y qué tal es como Médico?", él con desdén afirmó "bah, como todos, ni te mira".<<

El médico de Familia sostiene un paraguas bajo la lluvia
Y así es, ¡¡nunca llueve a gusto de todos!! Llegas por la mañana a la consulta de la urgencia y te sientas con ilusión y con tu mejor cara puesto que quedan 24 largas horas por delante. Se van sentando frente a tí uno a uno los pacientes, cada cual con mil datos que aportar e innumerables detalles que puntualizar, intentando tomarse todo el tiempo del mundo para contarte lo que les pasa. Intentas abreviar, pero ves que no dan su brazo a torcer, han llegado donde están para explayarse. Te sientes bien por ayudarles, les estás escuchando, pero sabes que hay muchas personas fuera esperando, es un servicio de urgencias y con los datos facilitados ya barajas un diagnóstico: tienes que invitarles a salir de la consulta...
Por fin la desalojan. Te asomas para llamar al siguiente y te encuentras a cientos de personas esperando, quejándose de todo el tiempo que ha estado el anterior paciente dentro  y de lo larga que se les está haciendo la espera. Un halo de alegría y asombro te invade por momentos...¿se han dado cuenta que no podemos alargar innecesariamente el tiempo de consulta? Pero tu gozo en un pozo, el siguiente paciente cruza el umbral de la puerta y si le dejas, su motivo de consulta se remonta 80 años atrás, cuando iba camino del altar en su Primera Comunión.
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