Hace una semana apareció en uno de mis grupos de Facebook un
comentario sobre un servicio de urgencias y sus
trabajadores que rezaba así:
Me quedé descompuesta. Una vez más lluvia de quejas y falta
de respeto hacia un colectivo (en este
caso se trataba del Hospital de Guadalajara, pero podía haber sido sobre
cualquier otro hospital o centro sanitario) que a pesar del estrés y el cansancio, trabaja a destajo durante jornadas
maratonianas.
Sin embargo, bajo ese desafortunado comentario, un aluvión de respuestas en defensa de los trabajadores de la
urgencia no se hizo esperar, coincidiendo la mayoría en 4 ideas que aquí resumo:
- "El servicio de urgencias atiende por gravedad, no por orden de llegada"
- "Las largas horas de espera se podrían reducir si sólo se atendieran verdaderas urgencias y no cualquier disconfort leve que por comodidad e impaciencia queramos que se resuelva inmediatamente y no tener que esperar a pedir cita para el médico de cabecera ".
- "Los profesionales deben dedicarle a cada paciente el tiempo que precisa, por lo que no siempre pueden trabajar a un ritmo continuo de atención. Además, también son personas y durante esas 24 horas de trabajo, tienen derecho a cubrir sus necesidades básicas (comer, cenar, ir al baño...)"
- "Las quejas han de hacerse en los lugares indicados para ello (hoja de reclamación, atención al paciente...) y nunca faltando al respeto".
Me enorgullece saber que aunque este tipo de comentarios
hacen ruido y nos hacen creer que ese malestar es la sintonía habitual entre la
gente, son más numerosos los comentarios que defienden a los servicios sanitarios, conocen
sus limitaciones y están agradecidos a los que intentan hacer bien su trabajo
con los medios y recursos de los que actualmente disponen.
O al menos así lo han
demostrado los vecinos de Guadalajara. A todos ellos, GRACIAS.







