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domingo, 23 de abril de 2017

MI ABUELO


Mi abuelo. Ese hombre que monta en bici porque la circulación de sus piernas no le permiten caminar ni tanto ni tan lejos como le gustaría. Ese hombre encorvado que visita a su mujer todos los días, aunque ella ya no le reconozca. Ese hombre que me enseña sus rudas manos al gesticular; manos que son testigos de 88 años de trabajo, que hoy en día siguen sin parar.

Y allí, frente a mi despistada abuela, habla de sus tiempos de mili o de la economía actual, con una memoria impecable y una sensatez digna de admirar.

Tiene sus miedos, le tiembla la voz y se le empañan los ojos si piensa en ellos; pero con una fortaleza sobrenatural de la que ha estado siempre dotado, trata siempre de disimularlo.

A mí me pregunta a veces cómo se tiene que cuidar. Yo, para que esté orgulloso le digo "así y asá", pero para mis adentros sé que es mi ejemplo con el que intento cuidar a los demás.

lunes, 4 de julio de 2016

No me sueltes, abuela

“No quiero llegar a los 80 con la cabeza perdida”. Recuerdo aquellas palabras de mi abuela mientras me da la mano esa señora de 84 años que se parece a ella, lleva sus mismos nombre y apellidos, llama abuelo a su marido y a mí no me conoce.

Sin embargo, algo queda de ella. Es tierna cuando lanza besos, sonriente cuando se le despierta, agradecida cuando se le da de comer y dulce cuando repite “pues si, pues si”.

Cuando se pone malita, todos nos estremecemos; la vemos tan frágil y delicada… Se nos olvida que siempre fue valiente, luchadora y vencedora. Pero es justo en esos momentos, en los que más pachuchilla está, cuando me gustaría que nos dijese cómo sentirnos si pasase lo peor. Porque si recuerdo sus palabras, sé que al llegar ese mal día tendremos el consuelo de pensar que nos deja para reencontrarse con su memoria, con sus ideas, con sus recuerdos y con todo lo que ese viejo alemán llamado Alzheimer hace pocos años le robó. Pero si recibo sus besos, la miro, la oigo y le doy de comer… también sé que no habrá consuelo que pueda aliviar su ausencia.

No me sueltes la mano mientras estés, abuela, que yo sé bien quién eres tú.



Coger de la mano a la abuela

domingo, 7 de junio de 2015

LA CONSULTA

Los pacientes van llegando, como cada día, a su centro de salud. Toman asiento en uno de los bancos de la sala de espera y... esperan. Esperan a veces hasta desesperar; hablan unos con otros, se quejan del sistema, de la tardanza, se levantan de sus asientos, caminan desesperados de un lado a otro de la sala... hasta el momento en que mencionan su nombre desde una consulta y son invitados a pasar dentro. En ese momento, aquellos diablillos cruzan la puerta de la consulta y se transforman en angelitos que, educados, comienzan a exponer sus problemas al médico.

Pacientes diablillos que esperan ser atendidos
SALA DE (DES)ESPERA

Y así comienza el día a día en las consultas de cualquier Centro de Atención Primaria.

Tantos son los pacientes que atienden los Médicos de Familia a diario, como diversos son sus motivos. Y cuando, exhaustos, acaban la jornada... repasan mentalmente y sonríen: Aunque ha sido un día duro, cada paciente ha dejado un recuerdo, una reflexión o una anécdota...


Señora que no va al médico porque está mala
SALUDO INICIAL

Nunca nadie está enfermo...hasta que habla de pastillas
REPASO DE LOS ANTECEDENTES PERSONALES

Tipico paciente de 50 años que va al médico con su madre
ENFERMEDAD ACTUAL

Cuando solo te lavas lo que te duele
EXPLORACIÓN FÍSICA


Las tres escusas de oro cuando no pierdes peso
DIAGNÓSTICO: LA TRIADA ENDOCRINOLÓGICA
Cuando no nos gusta lo que nos dicen
RECOMENDACIONES TERAPÉUTICAS




Si no quieren salir de la consulta
PENSAR QUE SE ACABA LA CONSULTA...
¡¡PERO NO!!






martes, 19 de mayo de 2015

Hoy es siempre todavía.


¡¡Vaya días los de Mayo!! Y es que las emociones emanan de cada rincón del hospital. A los resis mayores que se van, por mucho que dijeran que no iban a emocionarse, se les han saltado las lagrimillas con cada abrazo, beso o palabra de despedida. Y los que nos quedamos, lo hacemos con un pedacito menos de corazón... ¡Ay, canallas, que nos los habéis robado!

Y así, embriagados por la emoción (o sólo embriagados, después de tanta cena), han puesto de moda, a lo hashtag de twitter, una frase que estos días no deja de repetirse: "mi ultimo..."algo": mi ultima "guardia", mi ultima "sesión", mi ultimo "café en la máquina"...
disfruta cada momento

Después de oírla varias veces, esa frase a mí me ha dado que pensar...

Cuando el terminar una etapa de nuestra vida es un hecho inminente, a toda costa intentamos memorizar esos últimos momentos, que días atrás fueron habituales y que ahora cargamos de un enorme valor sentimental al saber que, probablemente, será la última vez que sucedan.

Sin embargo, no ocurre lo mismo cuando se empieza una etapa nueva. Quizás sean los nervios, quizás las inseguridades... pero pasamos a ritmo vertiginoso por un montón de primeros momentos, olvidándonos de guardarlos cuidadosamente en nuestras memorias, sin saber el enorme significado que un día tendrán para nosotros.

Por eso, ahora que es tiempo de cambio, que los nuevos residentes se van a incorporar y los antiguos pasan a adjuntos, me gustaría que no se olvidaran de parar, de rato en rato, a saborear todos y cada uno de los momentos que van a comenzar a experimentar... los malos y los buenos, pues de todo se aprende y todo nos moldea; lo que un día parece que uno odia, por experiencia diré que al cabo del tiempo lo acaba añorando, lamentándose probablemente de no haberlo disfrutado.

Como dijo A. Machado, Hoy es siempre todavía.


¡Disfrutémoslo!


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